Gestión sostenible

Gestión sostenible

EEB tiene una perspectiva globalmente responsable en las dimensiones social y ambiental, para ayudar a la creación de una economía verde. Es relevante resaltar que el PNUMA ha identificado ciertas prioridades regionales, en cuanto a lo que a economía verde se refiere, en el sector de servicios energéticos, entre otros sectores.



"Visión de la sostenibilidad en las empresas del Grupo Energía de Bogotá"

En medio de una recesión mundial prolongada, de una creciente brecha entre pobreza y riqueza y de la alta demanda por alimentos, energía, agua y otros recursos naturales, es el momento preciso para evaluar los esfuerzos que se han hecho desde entonces y replantear los pasos a seguir para asegurar un desarrollo sostenible.

El panorama hoy en día no es fácil. Billones de personas alrededor del mundo no poseen acceso a agua potable, alimentos y servicios básicos. Adicionalmente, el incremento en las emisiones de carbono, la alta degradación de ecosistemas y la pérdida de la biodiversidad, son todos factores que incrementan la vulnerabilidad de nuestras economías así como nuestro propio bienestar.

En este contexto se ha planteado la necesidad de hacer frente a los retos económicos, sociales y ambientales a través de una economía verde.

Según el programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), una economía verde procura el bienestar humano y la equidad social, así como la reducción de los riesgos medioambientales. Dadas las diferentes crisis (alimentaria, agua, climática, etc.) que se enfrentan actualmente en el mundo, emergen nuevas oportunidades para crear empleo, generar progreso económico, reducir la pobreza y, al mismo tiempo, mitigar los riesgos del cambio climático y la degradación ambiental.

Una economía verde debe contemplar las relaciones de interdependencia entre las diferentes dimensiones del desarrollo sostenible, no solo enfocándose en resolver problemas ambientales sino también procurando la equidad intergeneracional. 

La transición hacia una economía verde requiere también la generación de nuevas oportunidades para la inversión pública y privada. En este sentido, el sector privado puede jugar un papel determinante en el avance hacia el desarrollo sostenible.

Sin embargo, hay que recalcar que es necesario un ambiente propiciado por los mismos gobiernos, en el cual se planteen y formulen políticas públicas que generen incentivos, fortalezcan los mercados e introduzcan nuevos mecanismos de inversión, de tal forma que el sector privado no solo haga mayores contribuciones sino que también pueda tomar ventaja de las oportunidades generadas.

Las reformas políticas necesarias no solo deben hacerse a nivel nacional, sino también a nivel internacional, a través de medidas como: mayor desarrollo de mercados mundiales para servicios ecosistémicos, desarrollo y transferencia de nuevas tecnologías, así como mayor apoyo y coordinación para aquellos países que implementen el concepto de economía verde.

A nivel mundial, Latinoamérica, junto con los países emergentes del Asia, se sitúa entre las regiones más dinámicas del mundo, ofreciendo oportunidades para avanzar en diferentes frentes.

El PNUMA ha identificado ciertas prioridades regionales en cuanto a lo que a economía verde se refiere, en los sectores del transporte, servicios energéticos, ecoturismo, alimentación y construcción.

Paralelamente a estas prioridades, es fundamental contemplar factores tales como la conservación de la biodiversidad y el manejo del capital natural, pues permiten conciliar el crecimiento económico con una mayor equidad y la reducción de la pobreza.

En este sentido, el sector privado juega un papel clave en el crecimiento de la economía verde a través de comercio, más investigación, tecnologías innovadoras, eficiencia en el uso de recursos, así como de inversiones responsables que consideren las dimensiones social, ambiental y de gobernanza.

Dentro de este contexto, es posible que quienes inviertan responsablemente puedan tomar ventaja competitiva frente a otras empresas y así generar resultados positivos a largo plazo en cuanto a la viabilidad y la rentabilidad de la inversión se refiere.

Adicionalmente, una economía verde implica también innovación en los diferentes productos, servicios y mercados en los que se puede invertir, lo cual amplía el espectro de posibilidades para el sector privado.

No obstante, es necesario un marco institucional que genere las posibilidades de inversión dentro de un contexto de responsabilidad social, ambiental y de buena gobernanza, y que garantice escenarios de beneficio tanto para el sector privado como para los países, regiones y comunidades involucradas.

En el caso del Grupo Energía de Bogotá, cuyos negocios se enfocan en el transporte y distribución de energía y servicios asociados en Colombia, nuestro compromiso con el desarrollo sostenible se ha basado en:

  • La adopción de buenas prácticas de gestión empresarial.
  • El mantenimiento de una cadena de valor sostenible.
  • Generar valor para nuestros accionistas a través de una gestión transparente y del compromiso con la implementación de buenas prácticas empresariales.
  • Influir en la generación de políticas públicas en torno a temas comunes del sector energético.

 

Estos pilares han fomentado la transición hacia una economía verde no solo en Colombia, sino en los países que hacen parte de nuestra cadena de valor, como Guatemala y Perú.

La rentabilidad de la Empresa ha permitido contribuir a nivel social y ambiental, generando valor para la sociedad pues cada una de las acciones redunda en un mayor beneficio para sus colaboradores, accionistas, empresas y la comunidad en general.

Adicionalmente, la Empresa se ha adherido al Pacto Global desde el 2004 y ha integrado los diez principios como un paso clave hacia la sostenibilidad corporativa y, en última instancia, hacia al desarrollo sostenible.

Uno de los temas importantes que ha emergido recientemente y que debería tener mayor relevancia para el sector privado, es el papel que juega la biodiversidad dentro de la economía verde.

Muchos países en nuestra región albergan, en conjunto, un alto porcentaje de la biodiversidad del planeta, lo cual se traduce en materia prima de la cual derivan diversos productos comerciales, biotecnología y conocimiento.

La región alberga cerca del 50% de los bosques tropicales del planeta, así como el 33% de la totalidad de mamíferos, el 41% de aves y el 50% de anfibios.

Esta biodiversidad también representa una fuente importante de recursos genéticos, así como de beneficios económicos, que pueden traducirse en mayor desarrollo social y crecimiento económico para la región, así como a nivel local.

Sin duda alguna, el sector privado juega un papel importante en la conservación de la biodiversidad y del sinnúmero de servicios ecosistémicos que esta nos provee.

Diversos sectores industriales dependen de dichos recursos naturales como fuente para la producción o en cualquier etapa dentro de su cadena de suministro. Si la degradación ambiental continúa y la pérdida de la biodiversidad incrementa, es factible que el sector privado vea comprometida su rentabilidad a corto y largo plazo.

Aunque dicho escenario representa riesgos, también representa oportunidades de inversión para el sector privado y para la implementación de una economía verde que contempla la conservación de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos como un imperativo para el desarrollo sostenible. 

En este sentido y como parte del compromiso adquirido para avanzar en el camino hacia una economía verde, la Corporación Red Local del Pacto Global en Colombia (en donde EEB preside su Comité Directivo), en conjunto con la oficina del Pacto Global en Nueva York, han planteado la necesidad de incrementar la participación del sector privado a través de la creación e implementación de políticas de conservación que influyan en el cuidado de la biodiversidad y que reconozcan la importancia que esta juega a nivel social, económico y ambiental.

Para concluir, se debe hacer énfasis en los siguientes puntos:

  • Nuevos mercados y oportunidades se abren para la innovación e inversión y el sector privado debe estar preparado para asumir el reto que significa aportar al desarrollo sostenible.
  • Sin duda, es necesaria una perspectiva globalmente responsable basada en las dimensiones social, ambiental y de gobernanza, para generar beneficios tanto para la sociedad en general como para el sector privado.

 

Al mismo tiempo, debemos procurar mayor cooperación con los gobiernos y otros actores relevantes, para crear el marco institucional que incentive al sector y que le permita capitalizar las diferentes oportunidades que se abren o que se pueden llegar a crear en una economía verde.

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