Energía a 4.123 metros más cerca de las estrellas

Viernes, 15 de enero de 2021

En el Páramo del Meridiano, en el Tolima, se construye un tramo del proyecto de transmisión de energía eléctrica Tesalia-Alférez, una muestra del trabajo ambiental y de sostenibilidad del Grupo Energía Bogotá.

La we’pe wala está molesta. Su faz, de repente, se tornó gris y de la incomodidad que tiene, hasta se puso a ‘llorar’.

Sofía Díaz y Lina María Orozco lo habían advertido unas horas antes, previo a comenzar el ascenso a la we’pe wala o ‘casa grande’, como el pueblo indígena Nasa llama al Páramo del Meridiano, una zona de 2.781 hectáreas de alta montaña que nace a orillas del corregimiento Herrera, en Rioblanco (Tolima), y una de las mayores ‘fábricas’ de agua de la región.

“Según la cosmogonía indígena, el páramo se resiente cuando le llegan desconocidos sin permiso y no se han armonizado con él. Uno se resiste a creer en eso, pero hemos visto fenómenos idénticos”, afirma, maravillada, Sofía mientras Lina María asiente con su cabeza.

A lo que se refieren es a que solo bastó que cuatro foráneos venidos de Bogotá llegaran con ellas a la zona de páramo, a unos 3.900 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura de 10 grados Celsius y un sol caribeño, para que el firmamento se pintara de plomo, las nubes empezaran a derramar agua y el termómetro bajara a los 6 grados.

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“Lo ideal hubiera sido venir con alguien del resguardo Nasa Las Mercedes –apunta Lina María–; ellos saben cómo presentarlos a la we’pe wala y armonizarlos para que conozcan y disfruten del paisaje y de la paz de este páramo”.

Ella y Sofía hacen parte del equipo del Grupo Energía Bogotá (GEB) que construye entre Valle del Cauca, Tolima y Huila el proyecto Tesalia-Alférez, una obra que enlazará esos departamentos al Sistema de Interconexión Eléctrica (SIN), para fortalecer la transmisión de energía y así abastecer la creciente demanda de la región. El avance de toda la obra es de 78 por ciento.

Este escenario es, al mismo tiempo, un gran ejemplo del trabajo de sostenibilidad que desarrolla el GEB en sus 10 proyectos de transmisión y sus 23 activos en operación en todo el país.

Fredy Zuleta Dávila, gerente general de Transmisión del GEB, asegura que una parte importante del retorno a la inversión es llevar progreso a las comunidades de las áreas de influencia de la empresa.

 “Y una de las herramientas para ello es la incorporación del concepto de sostenibilidad, es decir, la destreza de la compañía para entender y gestionar los entornos donde se desarrollan sus actividades e innovar en las mismas, creando valor y compartiéndolo en los territorios”, agrega. “Esta Política de Sostenibilidad, junto a un gobierno corporativo sólido, han posicionado al GEB en la vanguardia del sector energético en América Latina”.

En el Páramo del Meridiano, explica Zuleta, además del trabajo ambiental desarrollado de la mano de entidades como Cortolima, el Gobierno local y las comunidades, se ha hecho una amplia obra social con aliados gubernamentales y ONG son acciones de valor compartido en las que se impulsa a las personas a ser copartícipes de la solución de sus necesidades.

El GEB enmarcó esas acciones en la región –hasta hace pocos años golpeada por el conflicto armado– en el programa ‘Energía para la paz’, que incluye más de 70 iniciativas sociales, ambientales, obras comunitarias, de liderazgo y de protección de la vida con desminado operacional y humanitario.

Precisamente, por donde el proyecto desarrolla obras en el páramo por estos días, fue uno de los corredores estratégicos de la guerrilla, por lo que estuvo plagado de minas antipersona que han sido eliminadas con el programa del GEB.

La más alta

Uno de los trabajos de ingeniería más llamativos en este tramo del proyecto se hace a unos 4.123 metros sobre el nivel del mar: el levantamiento de la torre 263, la que estará en el punto más alto de toda la operación en Colombia del GEB.

Para llegar hasta ese sitio se construyó, con maderas suministradas por proveedores legalmente certificados, un sendero peatonal en altura de 650 metros de largo. Es una pasarela ambiental o ‘segundo piso’ para causar el menor de los impactos en el ecosistema. Otros dos corredores similares –que entre todos suman 1,1 kilómetros– fueron montados por la compañía.

Además, entre otras iniciativas y acciones para proteger el medio ambiente, está la construcción de un sistema de teleféricos. Igualmente se utilizan los accesos y senderos de uso histórico del pueblo Nasa, que fueron delimitados y señalizados. También, con expertos de diferentes áreas y con el apoyo del resguardo indígena, se hizo un estudio de capacidad de carga del terreno, para determinar la cantidad máxima de personas que pueden hacer uso de los caminos existentes y se implementó una actividad de conservación y trasplante de frailejones, las fábricas naturales de agua, indica Lina María Orozco.

Todas estas acciones buscan hacer las tareas sin provocar alteraciones irreversibles al entorno natural, afirma esta trabajadora social tiritando de frío en la mitad de la pasarela ambiental: el clima cada vez se pone más hostil. Es mejor regresar por ese camino de madera, por donde vienen subiendo trabajadores; la mayoría son del resguardo Nasa y de Herrera, donde el GEB promovió contratación de mano de obra.

La lluvia empieza a arreciar en medio de la pasarela antes de que Sofía, Lina y sus acompañantes se apretujen en el campero que los llevó hasta el sendero. Cuando el todoterreno empieza el descenso, el cielo se despeja, el sol vuelve a manifestarse con potencia abrasadora y las gotas desaparecen.

Es claro. El Páramo del Meridiano conoce ya a los colaboradores del GEB que empiezan el ascenso a la parte más alta para seguir construyendo el sendero elevado y los imprevistos visitantes se fueron. No hay duda: la we’pe wala está feliz y radiante.