Una lectura sobre el Mercado de Energía Mayorista durante la contingencia

Miércoles, 9 de septiembre de 2020

La pandemia de la COVID-19 deja un importante aprendizaje: el Mercado de Energía Mayorista debe continuar su preparación para asegurar la prestación del servicio en escenarios extremos, a través del robustecimiento de la institucionalidad y la coordinación con todos los actores.

No cabe duda de que la contingencia de la COVID-19 les ha planteado retos a todos los sectores económicos en el sentido de identificar alternativas que les permitan continuar desarrollando los negocios, identificar medidas de mitigación de los impactos de la crisis y, por qué no, descubrir nuevas oportunidades.

El Mercado de Energía Mayorista (MEM) colombiano no ha sido ajeno a dichos retos. Coincide la crisis con el aniversario 25 de su existencia y con los 15 años de XM, y se constituye en una buena oportunidad para hacerle una prueba ácida de resiliencia al MEM. Para ello, desde nuestro rol como administradores del MEM, nos anticipamos desde el anuncio de las primeras medidas de emergencia económica, haciendo proyecciones del comportamiento de los distintos agentes que son parte de él, para identificar la probabilidad e impacto de la materialización del riesgo sistémico.

Esto nos permitió dar señales a las distintas instituciones del sector, de tal forma que pudieran ser de utilidad para la toma de decisiones en materia de políticas, regulación y supervisión en pro de la sostenibilidad financiera y la continuidad en la prestación del servicio.

Este análisis se basa en el modelo de riesgo que hemos implementado y robustecido en XM a través de los años para hacer seguimiento permanente al riesgo financiero del mercado y de los agentes individualmente. Durante la contingencia, en general, se ha identificado un adecuado desempeño financiero que podría ser el resultado de la buena gestión de los agentes y de las acciones tomadas por el Gobierno nacional para mitigar los impactos de la contingencia.

El reto particular para el mercado en la emergencia de la COVID-19 era el impacto de una cuarentena prolongada en la capacidad de pago de los usuarios. Al tratarse de un servicio público esencial, y considerando que las personas permanecerían en sus casas, el Gobierno requirió que las empresas prestadoras dieran continuidad al servicio aun en el evento de no pago. Además, se les permitió a los usuarios de los estratos 1 y 2 diferir su pago hasta 36 meses y a los de los estratos 3 y 4 hasta 24 meses. Ello, claramente, generaba un estrés en la caja disponible de los comercializadores, quienes en la cadena de valor son los que están de cara al usuario.

Ahora bien, el menor recaudo de los comercializadores afectaba su capacidad de pago de la energía a los generadores y de los cargos de uso a transmisores y distribuidores, generándose un efecto dominó que podría convertirse en riesgo sistémico, afectar a todos los agentes y también al usuario por la no prestación del servicio debido a dificultades financieras de su comercializador.

Era claro entonces que, para evitar la situación descrita, los comercializadores no podían asumir toda la carga de no pago del usuario y, por ello, la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) emitió la disposición de que estos podrían, a su vez, diferir hasta el 20 por ciento del valor a pagar por la energía y cargos por uso, hasta por el plazo de un año, y varias empresas se acogieron a este beneficio. Así mismo, el Gobierno facilitó a los comercializadores una línea de crédito sin intereses a través de Findeter, para la financiación a 36 meses del valor no pago y no subsidiado a los usuarios. Por último, se suspendió el procedimiento de limitación de suministro para evitar retiros del mercado ante incumplimientos en los pagos de las obligaciones. Todas estas medidas fueron transitorias y emitidas con base en la emergencia económica; darles continuidad dependerá de cómo continúe la crisis.

En la contingencia de la COVID-19 los esfuerzos conjuntos desde los distintos actores del ecosistema de energía colombiano han sido clave para afrontar la situación, permitiendo que el país siga contando con un servicio eficiente y confiable. En sus 25 años, el MEM enfrenta una crisis de enormes proporciones y muestra que la fortaleza institucional, la permanente comunicación y coordinación entre todos son la clave para asegurar la continuidad del servicio como lo ha sido en situaciones previas.

La pandemia también ha permitido identificar oportunidades de mejora relacionadas con la transformación digital del sector, para que se disponga de más y mejor información para el monitoreo y evaluación en tiempo real de los niveles de recaudo y desempeño financiero de las empresas, que permita dar señales, con mayor anticipación y exactitud, tanto a los participantes del MEM como a las instituciones para una adecuada toma de decisiones.

Ante la situación actual, si algún aprendizaje hay que capitalizar en el MEM es que debe continuar preparándose para asegurar la prestación del servicio en escenarios extremos, mediante el fortalecimiento de la institucionalidad y la coordinación con todos los actores; una gestión robusta de los riesgos financieros, operativos y de continuidad; la incorporación de nuevos participantes y nuevas tecnologías, para celebrar en 2020 los 15 años de XM y muchos años más de prestar un servicio confiable y eficiente para todos los colombianos.

cecilia Maya gerente del Merrcado XM

Cecilia Maya Ochoa

Gerente Mercado de Energía

XM