Comunicados de prensa

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Febrero 2018


La apuesta por la movilidad limpia

28 febrero 2018

Muchos países están impulsando el uso de gas natural vehicular y energía eléctrica en sus sistemas de transporte masivo para disminuir la contaminación ambiental en las grandes ciudades. Colombia comienza a dar pasos para avanzar en el transporte sostenible.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada nueve muertes en el mundo están relacionadas con la contaminación atmosférica. Las grandes ciudades son conscientes de este problema y en alianza entre los sectores público y privado han desarrollado estrategias para reducir las emisiones de material particulado y mejorar la calidad del aire que respiran sus habitantes.

Una de las principales alternativas es disminuir el uso de combustibles líquidos (gasolina y diésel) en el transporte público, mediante el incentivo de energéticos limpios, con bajas emisiones y más económicos.

En el mundo, ciudades como Oslo, Vancouver, Copenhague, Tokio, París, Nueva York, Barcelona, Milán, Madrid, Londres y Sao Paulo, han puesto en marcha planes innovadores en el transporte público mediante el impulso al gas natural vehicular (GNV) y la energía eléctrica.

Algunos países son más ambiciosos y han expresado su compromiso de reducir a cero el consumo de combustibles líquidos al año 2030. Noruega, por ejemplo, en un hecho sin precedentes anunció que a partir del 2025 prohibirá la venta de vehículos que usen gasolina o diésel. A esta decisión se sumaron el Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, India, entre otros, que fijaron plazos un poco más largos, entre el 2030 y el 2040 para restringir la venta de vehículos que funcionan con combustibles fósiles.

América Latina no se ha quedado atrás de esta tendencia teniendo en cuenta que sus principales ciudades también afrontan serios problemas de contaminación ambiental. Por eso países como Perú, Argentina y Brasil vienen impulsando el uso de energéticos más limpios.

Lima, en Perú, es un ejemplo de una ciudad que está tomando medidas para reducir su contaminación ambiental. Con un parque automotor de 1,7 millones de vehículos, es la segunda ciudad más contaminada de América Latina. Pero no se quiere quedar en este deshonroso puesto.  Por eso Cálidda, compañía del Grupo Energía Bogotá (GEB), viene impulsando el uso del gas natural vehicular y suministra este combustible al Sistema Metropolitano de Transporte, el único sistema de transporte público en la región que cuenta con una flota que utiliza 100% este combustible.

Actualmente, en Lima se están instalando gasolineras y estaciones de carga para autobuses y automóviles. Se ha vinculado una flota de 600 buses del Metropolitano y cerca de 250.000 automóviles ya han sido convertidos y se abastecen en las 240 estaciones de Gas Natural Vehicular, con una penetración cercana al 14% del parque automotor.

Este hecho ha traído efectos positivos en la calidad del aire que respiran los habitantes de esta urbe. Gracias al GNV, el Metropolitano ha dejado de emitir al ambiente 70.132 toneladas de CO2, lo que equivale a la contaminación que capturan 5,8 millones de árboles al año.

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En Colombia, el panorama no es distinto. En las principales ciudades se evidencian problemas de salud en los ciudadanos, asociados a la mala calidad del aire. Aunque si bien se ha avanzado en el mejoramiento de la calidad de los combustibles, especialmente en la reducción del contenido de azufre del diésel, persisten problemas relacionados con un parque automotor viejo que se convierte en un obstáculo para mejorar la calidad del aire.

En el país hay en la actualidad más de 550.000 vehículos particularesy taxis que usan gas natural vehicular. De manera complementaria, los sistemas de transporte masivo de varias ciudades como Medellín y Cartagena cuentan ya con vehículos dedicados a gas. Medellín, además, tiene 63 vehículos de recolección de residuos sólidos, a gas.

Durante el 2017, en Bogotá entró a rodar durante siete días un camión recolector de basuras movido con GNV en las rutas más complejas de la capital. Este plan piloto en el que participaron Transportadora de Gas Internacional (TGI), empresa del GEB, Ecopetrol y Gas Natural, arrojó resultados satisfactorios: se registró una reducción del 95% del material particulado y de óxidos de nitrógeno frente a un vehículo tradicional, así como la disminución del 25% en CO2. Además, su operación es silenciosa, una gran ventaja especialmente en los horarios nocturnos. En materia económica, el uso de Gas Natural Vehicular demostró que genera importantes beneficios: $9.937 por tonelada, en el camión dedicado a gas, frente a $11.443 por tonelada para el camión a diésel. 

En la capital del país también se han realizado pruebas con buses de Transmilenio movidos con GNV, que también han demostrado grandes beneficios ambientales y económicos frente a los buses tradicionales.  

 

Movilidad eléctrica

Otra alternativa para contribuir a un aire más limpio es la movilidad eléctrica, que está tomando mucha fuerza en las grandes ciudades que han decidido sustituir el uso del diésel.

Un caso muy llamativo es el de la ciudad china de Shenzhen que acaba de hacer la transición del 100 por ciento de su flota a autobuses eléctricos. Shenzhen, una ciudad de 12 millones de habitantes, considerada el ‘Silicon Valley’ del gigante asiático, cuenta hoy con 16.359 autobuses eléctricos, que permitirán ahorrar hasta un 70% más de energía frente a los buses movidos con diésel.

China es el país con la mayor venta de vehículos eléctricos en el mundo, con cerca del 40% del mercado, seguida de Estados Unidos y de Europa.

En el Viejo Continente, Paris Madrid tiene actualmente la tercera flota más grande de autobuses eléctricos, después de Paris y Londres. La renovación de la flota busca reducir la contaminación del aire en un 20% de aquí al año 2020.

En América Latina, Sao Paulo es un referente en operación y prueba de tecnologías de transporte eléctrico. En esta urbe brasileña operan buses eléctricos con diversas tecnologías e incluso se desarrollan pruebas con buses eléctricos con hidrógeno. Su experiencia ha sido positiva y estudios gubernamentales han demostrado la conveniencia de mantener este tipo de iniciativas, subvencionar su funcionamiento reconociendo sus importantes beneficios ambientales y altos niveles de calidad del servicio a los usuarios.

Buenos Aires, Argentina, se ha fijado como meta tener su flota de buses totalmente eléctricos al 2030, con más de 15.000 unidades.

En Colombia, el año pasado Codensa, el Distrito Capital, BDY (compañía china especializada en movilidad eléctrica) y Transmasivo, lanzaron una prueba piloto de un bus de Transmilenio 100 por ciento eléctrico. Este bus diseñado para cumplir con las exigentes condiciones operacionales de Bogotá ha demostrado una alta eficiencia energética promedio bajo condiciones de servicio, bajos niveles de ruido a bordo, más de 120.000 pasajeros transportados y la reducción de 39 toneladas de CO2 (cantidad escalable con una mayor flota eléctrica en operación). 

En Bogotá, Transmilenio es la pieza fundamental en el esquema de transporte de la ciudad. Se estima que el sistema moviliza cerca del 60% de los viajes diarios a través de buses diésel con diferentes tipologías. Por cumplimiento de la vida útil de sus unidades vehiculares se proyecta un programa de reposición de los buses con más de 12 años de servicio y más de un millón de kilómetros recorridos.

Colombia tiene una gran oportunidad de estar a tono con las tendencias internacionales, de mejorar la calidad del aire en las principales ciudades y cumplir con sus compromisos de la Cumbre de Paris (COP 21), si sigue el ejemplo de las grandes urbes del planeta que están dando un giro hacia tecnologías más limpias.

De acuerdo con un estudio del Departamento Nacional de Planeación, los costos en la salud asociados a la contaminación del aire ascienden a $15,4 billones, equivalentes al 1,93% del PIB de 2015 y provocaron 10.527 muertes en el país.

Este estudio señaló que en Bogotá, el 10,5% (3.219) del total de las muertes que se presentan en la ciudad, son atribuidas a la contaminación del aire urbano, lo que generó costos estimados de $4,2 billones de pesos, equivalentes al 2,5% del PIB de la ciudad. Por su parte, en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, el 12,3% (2.105) del total de las muertes que se presentan en el área, son atribuidas a la contaminación del aire urbano, lo que generó costos estimados de $2,8 billones de pesos, equivalentes al 5% del PIB del área.

Ante esta compleja situación, el DNP diseñará e implementará instrumentos económicos y normativos para el control del crecimiento del parque automotor, la reconversión tecnológica de la industria y la promoción de medios alternativos de transporte. Esto es fundamental teniendo en cuenta que al año 2050 el 86% de la población del país se concentrará en los cascos urbanos.

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